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Lester Piggot fue el gran maestro de la fusta


Para muchos, Lester Piggot ha sido uno de los mejores jinetes del mundo. Y lo recuerdan grandes cronistas, personalidades de la época, que vieron en Piggot, a un verdadero “maestro” de la fusta.

Acá recopilamos un interesante artículo publicado en la revista Hipismo.

Lester Piggot, la gran leyenda:

Lester Keith Piggott, nacido en Newmarket en 1935, ha sido, y seguirá siendo, por muchos años, el más famoso y mejor jockey británico de todos los tiempos.

Sólo con recordar frases como la de Sir Peter O'Sullivan "Tú nunca verás un jockey mejor que Lester Keith Piggott" o como lo describe fabulosamente Fernando Savater en su libro El Juego de Los Caballos diciendo, "Para los aficionados al turf del mundo entero hay muchos Paul, Bill, Chris, Ives...pero sólo un Lester. Y hasta nos asombra que al pronunciarlo haya quien viva tan en otro mundo que pueda preguntar ¿qué Lester? Resulta como indagar: ¿de qué Leonardo me habla usted?, ¿a cuál Napoleón se refiere?", para poder ver que Lester era eso, algo único, diferente y sobre todo mágico encima de un caballo.

Era conocido como "Old Stoneface", el Viejo Cara de Piedra, debido a que su rostro parecía envejecido por el tiempo, incluso cuando era más joven y sobre todo porque raramente su cara denotaba ningún gesto, ya fuera de emoción, de alegría, o tristeza, era como una piedra, y sufría problemas en el habla y de sordera, lo que le hizo ser una persona poco comunicativa, y a pesar, que no era una persona especialmente cariñosa ni tan querida como debería haberlo sido, Lester era un caballero en toda regla.

Una de las peculiaridades de Lester fue su manera de montar en carreras. Era demasiado alto para ser jockey, lo cual no le impidió ser el mejor y montaba excesivamente corto, no sólo para su estatura, sino en comparación con su época, lo que le hacía una silueta inconfundible encima del caballo.

Hay una anécdota que narra Fernando Savater en su libro, en la que habla que "Cuando alguien le comentó a Lester que la apariencia de sus posaderas tan erguidas era todo menos elegante, respondió él ceñudo: ¿Y que diablos quiere que haga con el maldito trasero?"

Montó su primer ganador en 1948 cuando sólo tenía la edad de 12 años, y a partir de ahí su carrera fue imparable, siendo ganador de la estadística de jinetes británicos en 11 ocasiones, y teniendo el record de carreras clásicas británicas, un total de 30.

En 1984, el día que ganó con Comanche Run el St.Leger, en el Hipódromo de Doncaster, rompió el record que poseía hasta la fecha Frank Bucle con 27 victorias en Carreras Clásicas Británicas.

Además, ganó 9 Derbys, entre 1954 y 1983, siendo el primero de ellos con Never Say Die, cuando era todavía aprendiz, con menos de veinte años, y tres victorias en el Arco del Triunfo Francés, e hizo pasar por la puerta de ganadores a 5,400 caballos por todo el mundo, entre ellos a caballos tan conocidos como The Minstrel, Nijinsky, Sir Ivor, Roberto, Petite Etoile, Rodrigo de Triano, Alleged, Comanche Run, o Royal Academy.

Lester se retiró en 1985, y comenzó la carrera de entrenador de caballos de carreras, hasta que fue acusado por el Ministerio de Hacienda Británico, de evasión de impuestos, por no declarar ganancias cercanas a 4,8 millones de dólares, lo que le hizo ingresar dos año en prisión, en 1987.

El escándalo provocó, que la Reina de Inglaterra Isabel II, le retirara la Orden del Imperio Británico, que se le había concedido en 1975, ya que sin la sentencia de cárcel y la investigación que hubo por fraude de impuestos, hoy, sin duda alguna, estaríamos hablando de Sir Lester Piggott.

Al salir de prisión, volvió a montar en carreras hasta su retirada definitiva en 1990, ganado en esos años, algunos clásicos británicos como las 2000 Guineas, las 2000 Guineas Irlandesas, o la Breeders Cup Mile con Royal Academy, entrenado por el gran Vicent O'Brien, el 27 de Octubre de 1990, sin duda alguna, una de las carreras más memorables de Lester Piggott.

Por todo ello, y por mucho más, le llamaban El Maestro

Lo que si les podemos asegurar, es que una cosa es cierta, cuando desde las tribunas se escuchaba frenéticamente el grito de " Go on Lester" (Vamos Lester!) en una cerrada llegada, quien no le hubiera jugado, más vale que fuera rompiendo el boleto de la apuesta, Lester no fallaba.