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Interesante artículo de nuestro columnista Mario Galantini.

 

Continuamos con la segunda parte del artículo de Mario Galantini sobre Moon Rockey y los Espítus Chocarreros, que resulta muy ameno y atractivo.

 

Moon Rocket y los Espíritus Chocarreros (GII)

Por Mario Galantini
 

Concretado el sorpresivo triunfo de Moon Rocket, sus propietarios exultaban de felicidad en el recinto de vencedores, aparentemente ajenos a los epítetos y a la feroz pifiadera que bajaba de cada una de las tribunas de Monterrico, o quizás envalentonados por ello, mostraban explícitos gestos de regocijo.

- ¿Escuchas todo lo que nos gritan de la tribuna?

- Y a mí qué me importa, hermano. Lo único que sé es que con lo que voy a cobrar ya tengo para equipar completo mi departamento ahora que me voy a casar.

- Cuidado que se te pierden los boletos del bolsillo. Se notan clarito.

- ¿Ahora ya crees en las brujas?

- No estoy muy convencido aun.

Quien lucía rostro de preocupación era el prepa. Y efectivamente a Julio Farfán “le cayó la quincha”, al ser multado con 10,000 intis de la época. La sección hípica de “El Comercio” se refirió al caso, justificando de alguna manera que la sanción no hubiese sido tan severa:

“No pensamos en malicia alguna, pese a que nosotros pronosticamos a este caballo hace una semana, porque lo veíamos bajísimo de grupo, pero Moon Rocket no caminó y llegó a 13 cuerpos de los mismos (…). No es el caso típico de ´tirada´ ya que el sport lo dice todo. Pero sí hubo DESIDIA (…). Por otra parte, en esta oportunidad le puso tapones en los oídos (…). Es cierto, también es difícil de creer que recién a los 9 años le han descubierto que la bulla del público lo asustaba (?)”.

Luego de su hazaña, el buen Moon Rocket volvió a caer en la mediocridad y la intrascendencia. Pasadas algunas semanas, el alto comando del Alba consideró conveniente repetir la receta que tan buenos resultados les había dado, y nuestra brujita volvió a ser convocada. En esta oportunidad, sin embargo, el costo solicitado por la insigne profesional les pareció muy oneroso a los propietarios, por lo que éstos pidieron una rebajita.

- Hummmm…bueno, entonces tendré que ajustar algunas cositas.

Esas “cositas” se referían a una parte del procedimiento que ellos ignoraban. Resulta que como parte del trabajo, la señora realizaba lo siguiente, ya particularmente: debía “congelar” a los rivales de Moon Rocket. Y para ello, había que licuar 49 ajíes y colocarlos en tantos pomos como caballos enfrente tuviera nuestro héroe, y luego meter los pomos en la refrigeradora. El detalle es que en cada pomo iría el nombre y el número de cada uno de esos rivales (recortados de la revista oficial). En este caso, como había que reducir costos, se colocó no cada nombre del caballo rival en un pomo, sino de tres en tres.

- Vamos a volver a ganar, entonces.

- Sí. Aunque esta vez no estoy tan segura…existe una pequeña posibilidad de que pueda perder.

Dicho y hecho. Luego del “trabajito”, Moon Rocket se presentó y…perdió en la meta. Lo ganaron en el último salto. A veces lo barato sale caro. Y esta vez salió carísimo.

La vida de Moon Rocket continuó, ya con los achaques propios de un caballo próximo a cumplir los 10 años. Y dentro de esos achaques, existían dolores musculares que eran difíciles de controlar. Ricardo recordó entonces que su padre había sido casi milagrosamente curado de sus dolores con un determinado medicamento. ¿Por qué no probarlo en su caballo? Lamentablemente, tal medicamento parecía estar descontinuado, dado que no se encontraba en ninguna farmacia. Dio órdenes a sus empleados de buscar ese remedio a toda costa. Luego de tensa espera, uno de los muchachos gritó: ¡Eureka! Lo encontré.

Efectivamente, era el medicamento buscado. No parecía lo ideal que la caja estuviera absolutamente arrugada y humedecida, pero en fin… Se consiguió. Se calculó la dosis adecuada en función del peso del caballo y demás, y se procedió a administrarla. Cuentan quienes estuvieron presentes que, segundos después de aplicar la inyección, Moon Rocket dio un salto que hubiera sido la envidia de cualquier campeón olímpico, para luego caer inerte nada menos que contra la dura corteza terrestre. Ni los espíritus chocarreros s sobrevivieron. Y no hubo bruja capaz de reanimarlo.

Moon Rocket… ¿estás ahí?